jueves, 10 de junio de 2010

La desaparición del conflicto generacional


IFDCVM
Psicología y cultura de la pubertad y adolescencia

Profesor:
Jorge Rodríguez

La desaparición del conflicto
generacional

Alumnas:
Gladys Noemí Muñoz        Profesorado de Tecnología     DNI: 25.103.008
Patricia Viviana Barroso  Profesorado de Tecnología     DNI: 23.066.145

Villa Mercedes (San Luis), lunes 23 de junio de 2008

Introducción

Ante la frialdad y el individualismo que han poseído a nuestra sociedad, a modo de demonios escapados del infierno de la globalización, como consecuencia de esta nueva cultura de mercado que todo lo domina, dirige y establece, el hombre ha perdido el control de su propia vida y se dedica a correr tras aquello que se supone debe alcanzar. No en vano Zygmunt Bauman[1] habla de la compra como un rito de exorcismo, como aquella que elimina los temores que acosan al hombre. Nos encontramos frente a un individuo que se oculta tras una eterna adolescencia para poder huir de la angustia causada por la inseguridad y la incertidumbre, corriendo detrás de toda sensación placentera. La nueva adicción es la compra compulsiva.
En el presente ensayo trataremos sobre la desaparición del conflicto generacional, por qué sucede, cómo se presenta y las consecuencias de éste fenómeno que marca y sella el futuro de nuestra sociedad.

Desarrollo

Silvia Di Segni de Obiols en Adolescente-adulto ¿Adulto-adolescente? expone las diferencias entre las relaciones jóvenes-adulos a partir de la década del 60 con el cambio que se dio en la música, la aparición de la moda hippie y la liberación sexual, factores que provocaron que las relaciones intergeneracionales cambien haciendo los límites entre estas prácticamente inexistentes. “los chicos son tan salvajes como sus padres lo fueron entonces” dice Paul McCartney[2] en una entrevista en Bs. As., “Se puede hablar de todos los temas. Sexo. Drogas. Lo que quieras”.
Si bien este cambio se contrapone a la vieja práctica de censura de los adultos hacia los jóvenes, es positivo en principio porque mejora ampliamente la comunicación padre-hijo. No se detiene allí, sino que desdibujando el rol del adulto clásico, este proceso trajo sus consecuencias, por ejemplo el fenómeno de una prolongada adolescencia, no es raro encontrar personas con 30 años o más que aún no han podido definir una identidad, elegir una carrera o emanciparse económicamente[3].
Atrás ha quedado la imagen que se tenía del adulto clásico, de abdomen abultado, anteojos y los primeros síntomas de una eminente calvicie. Ha sido reemplazada por un nuevo ser adulto-adolescente, una persona que por su edad está en la categoría de adulto, mas cuida su cuerpo y trata de reparar los daños ocasionados por el tiempo, viste como sus hijos y su estilo de vida es muy similar al de ellos, incluso en sus inestables relaciones afectivas. Lo que aquí expone la autora puede apreciarse fácilmente en el film Belleza Americana, donde un padre de familia queda deslumbrado por la belleza de una adolescente de la edad de su hija, tiene a partir de ese momento el enorme deseo de sentirse joven de nuevo, y cambia sus hábitos de adulto y comienza a comportarse como lo hacía en su adolescencia, trata de recuperar su estado físico haciendo ejercicios con pesas y corriendo por las mañanas, y también consume drogas que consigue con un joven vecino proveedor.
La película muestra la importancia puesta en las apariencias (desprovistas de sentido existencial y afectos) y el éxito económico, y cómo estos dañan las relaciones interpersonales, deformándolas, generando la necesidad del escapar, punto en el que se presenta la relación del protagonista con la amiga de su hija.
Como dice Bauman en Modernidad Líquida, estamos en la era del capitalismo, donde nadie dirige a nadie y el futuro es incierto. El adulto quiere al igual que el adolescente acceder a un nuevo mundo que ofrece una colección infinita de posibilidades generando experiencias estimulantes, a pesar de que implique también tener que enfrentar el riesgo y la ansiedad. Se conforma así una sociedad consumidora, una especie de sociedad inexistente, ya que quienes la conforman se transforman en seres individualistas que disfrutan de “ir de compras” en soledad (la mejor manera de comprar justo lo que se quiere sin interferencias) y que actúan no como un “nosotros”, sino que lo hacen como un conglomerado de “yos”. “La desintegración de la trama social y el desmoronamiento de las agencias de acción colectiva suelen señalarse con gran ansiedad y justificarse como “efecto colateral” anticipado de la nueva levedad y fluidez de un poder cada vez más móvil, escurridizo, cambiante, evasivo y fugitivo. Pero la desintegración social es tanto una afección como un resultado de la nueva técnica del poder, que emplea como principales instrumentos el descompromiso y el arte de la huida. Para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles. Cualquier trama densa de nexos sociales, y particularmente una red estrecha con base territorial, implica un obstáculo que debe ser eliminado. Los poderes globales están abocados al desmantelamiento de esas redes, en nombre de una mayor y constante fluidez, que es la fuente principal de su fuerza y la garantía de su invencibilidad. Y el derrumbe, la fragilidad, la vulnerabilidad, la transitoriedad y la precariedad de los vínculos y redes humanos permiten que esos poderes puedan actuar.”[4]
Silvia Di Segni de Obiols explica que este postmodernismo a adolescentizado a la sociedad, ha puesto al adolescente como el ideal social. La postmodernidad surge a partir del desencanto de las promesas del iluminismo[5] y coloca la imagen por encima de la razón (que no cumplió con lo prometido: la liberación del hombre a través de la verdad), las sensaciones y los sentimientos, ya no se puede creer en el progreso ni planificar un futuro, entonces se vuelve necesario consumir y disfrutar lo bueno de la vida con el menor grado de preocupación, mantener un cuerpo sano y bello, el lujo y el poder son los nuevos objetivos tras los que se corre permanentemente. Lejos quedó el modelo que promovía la conciencia del ahorro, que producía seres estables en sus relaciones afectivas, obreros y profesionales que suponían que sus esfuerzos serían compensados, docentes que tenían un lugar respetado en la sociedad. Estos adultos fueron desapareciendo frente a la evidencia de que  en esta nueva realidad vale más un buen discurso bien armado y una buena imagen externa que años de honestidad. Esta nueva realidad valora más la búsqueda de placer que el instinto de superar la crisis de pareja. La estabilidad, en todos los aspectos, pero en especial emocional y laboral, se presenta como una cárcel de la que se debe escapar.
El miedo a caer en el autoritarismo se apoderó de los adultos he hizo que éstos dieran un paso al costado, por esto sus hijos o alumnos se quedaron sin modelos de identificación. Con este intento de dejarlos elegir libremente los dejaron sin nada que elegir, adolescentes huérfanos de adultos. Llegar a la adolescencia y que ésta no termine nunca parece ser la más grande aspiración.
Antes el crecimiento de los hijos suponía ciertas crisis inevitables y con ellas algunas pérdidas necesarias para el crecimiento, pero hoy los adolescentes no cuentan con esta brecha entre generaciones. Se ha idealizado la juventud pero ésta no puede expresarse con otra cosa más que la “alegría de vivir”. Los verdaderos adolescentes critican a la generación anterior que se resiste a abandonar tal estado con la expresión “los pende-viejos”.
Bauman dice que toda autoridad está planteada a partir del discurso[6], y diferencia dos opuestos entre sí: el Discurso de Josué, como resultado del mundo fordista organizado centralmente, controlado, donde el orden es la regla y el desorden la excepción, que define un mundo monótono, predecible desde lo regular y a partir de la repetición; y el Discurso del Génesis donde el desorden es la regla y el orden la excepción, siendo éste el discurso que hoy nos domina.
Sería bueno que los adultos se entiendan con los adolescentes sin pretender ser compinches o incluso comportarse como hijos de sus hijos, ya que puede ser que el padre no se ubique en el rol de padre educador debido a que para algunas personas educar puede ser un sinónimo de autoritarismo, y que haya, como en el discurso de Josué, alguien que somete a otro, un alguien que puede así anular la creatividad que se supone innata en el niño, y por miedo a perjudicar ese “saber natural” elige no intervenir, y claro está tampoco permitirá que lo haga alguien más[7].
Un claro ejemplo de lo antes expuesto puede encontrarse en el film “Mi madre es una sirena” donde Cher interpreta a una madre poco ortodoxa de los comienzos de los años sesenta que se viste como adolescente y actúa con total irresponsabilidad con respecto a su casa, sus hijas y a sus diversas y efímeras relaciones amorosas, donde su hija adolescente que se encuentra en su despertar sexual, en plena búsqueda de su identidad, se ve obligada a colocarse en el papel de adulto, haciéndose cargo de su hermana y reclamando a su madre por su conducta desvergonzada. Aquí vemos también cómo la madre acostumbra a huir cada vez que tiene un desengaño amoroso, y de qué manera esa conducta se repite en su hija.
No hay duda de los efectos nocivos del autoritarismo, pero esto no quiere decir que el extremo opuesto, la demagogia, no lo sea igualmente, el padre trasgresor, el que no pone límites, el que intenta complacer en todo y no exige nada, logra satisfacer los deseos de sus hijos sólo por un tiempo, pero cuando éstos se enfrentan a la realidad puede que de golpe se inviertan los roles y se convierta en padre del padre o que quede atrapado dentro de un ideal propio de la época: adolescencia permanente. Los padres que protegen excesivamente a los hijos y les impiden aprender a frustrarse, a tener tolerancia y límites, prolongan el narcisismo infantil y luego no se adaptan bien a la sociedad, se vuelven potencialmente adicto, pueden incluso volverse violentos. Esto también es el resultado cuando los padres son débiles en su capacidad de ocupar su rol y de poner límites.
Lo que puede ocasionar esa demagogia se encuentra ilustrado de forma algo exagerada en el film Billy Madison, donde el protagonista tiene la edad para ingresar a la categoría de adulto, sin embargo su comportamiento dista mucho de colocarlo en ese lugar, ya que se comporta como un adolescente despreocupado dedicado a mantener una fiesta continua desde que abandonó el colegio, hasta que su padre le informa que piensa poner su millonaria empresa en manos del vicepresidente de la misma, salvo que consiga obtener su título secundario en tiempo record. Es en esta instancia en que Billy choca con la realidad, siendo víctima de burlas y engaños que por momentos lo hacen pensar en desistir.
Ante la falta de adultos que actúen como líderes, entran en juego, como lo explica Bauman, los asesores, que en vez de plantear exigencias intentan ganar la voluntad de los adolescentes, que al tomar fuerza en la sociedad, se vuelven el foco del mercado. Este mercado les brinda la libertad de elección, pero los obliga a elegir, tornándose en una adicción que como cualquier otra es autodestructiva, ya que jamás se está satisfecho y se tiende a transformar el lujo de hoy en la necesidad de mañana.
Este mercado ofrece también los ejemplos a seguir, que aunque no son una autoridad, cobran autoridad de forma natural a través de los medios, capturando más y más espectadores. Llegan así los Chat-shows como una demanda genuina y con un valor pragmático indiscutible. Que mejor ejemplo para esto que The Truman Show que muestra a un hombre que ha vivido durante 30 años sin saber que es protagonista del show de su propia vida, transmitido a todo el mundo en directo las 24 horas, una vida que es consumida por los televidentes y tomada como más real que sus propias vidas. El film expone el conflicto de una sociedad mediatizada y abre un debate sobre la influencia de los medios. Este hombre vive preso de los miedos y deseos que han proyectado en él para que no intente salir de la realidad en la que vive, el lugar que se le asignó, ya que se le ha inculcado que más allá de las fronteras no hay nada más por descubrir, todo está dicho.
  
Conclusión

Vivimos en una sociedad posmoderna donde sus miembros lejos de definirse como productores, lo hacen como consumidores, presos de sus deseos y anhelos, corriendo detrás de sensaciones placenteras, acosados por falsas necesidades en un intento por alcanzar como principal objetivo el placer, en una angustiosa lucha por vencer la incertidumbre y el sentimiento de inseguridad.
Salimos de compras para tratar de encontrar una identidad, entonces vamos probando y descartando, jamás satisfechos, porque queremos tener la felicidad que vemos en aquellos que vemos como ejemplo: el hombre feliz que nos muestran los medios. La felicidad, como el arco iris, siempre se ve sobre la casa del vecino.
Estamos en manos del poder, cuya técnica para poder fluir, es montar un mundo libre de trabas, sin barreras ni controles, un mundo globalizado. Como bien dice Bauman: “Sentirse libre de restricciones, libre de actuar según el propio deseo, implica alcanzar un equilibrio entre los deseos, la imaginación y la capacidad de actuar. Por lo tanto, el equilibrio puede alcanzarse y conservarse inalterable de dos maneras diferentes: angostando, recortando el deseo y/o la imaginación o ampliando la capacidad de acción". Él sostiene que el modo de hacer frente al impacto de la individualización con respecto al modo en que llevamos adelante nuestras vidas, es aceptando el hecho de que la individualización ha llegado para quedarse.
A pesar de que mantener vivo el pasado y confiar en un mejor futuro, han sido los pilares que han sostenido a la humanidad, el hombre de hoy ha decidido olvidar el pasado y no creer en el futuro, lo que nos ha llevado a sólo querer disfrutar el momento de la mejor manera posible. Crece el al miedo a entablar relaciones duraderas y el temor a los extraños hace desaparecer el acto solidario hacia el prójimo.
 “La libertad de considerar la vida como una salida de compras prolongada significa considerar el mundo como un depósito desbordante de productos de consumo, Dada la profusión de ofertas tentadoras la potencial capacidad generadora de placer de cualquier producto tiende a agotarse con rapidez. Afortunadamente para los clientes con recursos, esos recursos los protegen de las desagradables consecuencias del consumo: pueden desechar las pertenencias que ya no desean y conseguir las que desean; están protegidos contra el rápido envejecimiento y la obsolescencia de los deseos y contra su efímera satisfacción.”[8]
La búsqueda de identidad ya no es sinónimo de emancipación, sino de opresión, el mundo es un conjunto de jóvenes y adultos oprimidos. Ya no existe el adulto como referente, la escuela dejó de ser aquella que conocimos en nuestra infancia, ya que dejó de tener las respuestas.
Vivimos en un mundo como el de Truman, con libertades limitadas, somos tal y como hemos sido pensados.


Referencia Bibliográfica
·        BAUMAN, Zygmunt (2006). Individualidad. Modernidad Líquida. Bs. As.: FCE. (pág. 98)
·        DI SEGNI DE OBIOLS, Silvia (1994). Adolescente-adulto ¿adulto-adolescente? Vertex, revista argentina de psiquiatría, Nº 15
·        BOURDIEU, Pierre (1990). La juventud no es más que una palabra. Sociología y cultura. México: Grijalbo
·        MI MADRE ES UNA SIRENA (Mermaids). Dirección: Richard Benjamín. Intérpretes: Bob Hoskins, Michael Schoeffling, Winona Ryder, Christina Ricci. Género: Comedia. Año: 1990
·        BILLY MADISON Dirección: Tamra Davis. Intérpretes: Adam Sandler, Darren McGavin, Bridgette Wilson, Bradley Whitford, Josh Mostel, Norm MacDonald, Mark Beltzman, Larry Hankin. Género: Comedia. Año: 1995
·        BELLEZA AMERICANA (American Beauty) Dirección: Sam Mendes. Intérpretes: Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Wes Bentley, Mena Suvari, Peter Gallagher, Chris Cooper, Allison Janney, Scott Bakula, Sam Robards. Género: Comedia. Año: 1999
·        THE TRUMAN SHOW Dirección: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carrey, Ed Harris, Laura Linney, Noah Emmerich, Natascha Mc Elhone. Año: 1998


[1] En Modernidad Líquida (2006)
[2] Músico, cantante y compositor británico que saltó a la fama como líder creativo del grupo The Beatles
[3] Bourdieu en Sociología y cultura, sostiene que la adolescencia está dada en relación a la época, las culturas y la lucha por el poder, y que uno de los factores que determina su finalización es la emancipación económica
[4] BAUMAN, Zygmunt (2006) Modernidad Líquida. Prólogo. Acerca de lo leve y lo líquido. (Pág. 12)
[5] Movimiento filosófico del siglo XVIII, especialmente de Francia, que afirmaba el poder ilimitado de la Razón para gobernar el mundo de los hombres y dirigir sus vidas, abjurando del pensamiento histórico. Fue origen de la Enciclopedia (de aquí su otro nombre de "enciclopedismo"), y fue antecedente inmediato de la Revolución francesa.
[6] Metalenguajes que enseñan a las personas cómo vivir como personas
[7] Aquí es donde el docente queda desautorizado en sus funciones reales, y por ende la escuela
[8] BAUMAN, Zygmunt (2006). Individualidad. Modernidad Líquida. Bs. As.: FCE. (pág. 98)

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