martes, 8 de junio de 2010

Sobre "Saber y Poder"


IFDCVM 
    Estrategias para la elaboración de textos

Informe de lectura

     “Saber y Poder”


Profesoras:
Maria del Carmen Novo
Paola Calderón
Marcela Bonnet

Profesorado de Tecnología


Alumnas:
Patricia Viviana Barroso
Gladys Noemí Muñoz


Saber y Poder

Introducción

El presente informe de lectura ha sido realizado para ser presentado a la profesora Marita Novo, a su pedido, como uno más de los trabajos prácticos requeridos durante el curso de Estrategias para la elaboración de textos.
Se toma como texto fuente para realizar este informe del capítulo I.Conocimiento, investigación, progreso e historia de la ciencia, el artículo El conocimiento como tecnología de poder[1] escrito por Esther Díaz, tomado del libro La Posciencia[2] del cual esta autora es editora.
Nuestra intensión es la de tratar de comprender, a partir de ésta lectura, de qué manera el conocimiento científico se transforma en sinónimo de poder, y cómo y porqué este paradigma cambia luego otorgándole el trono a la tecnología. Intentaremos esclarecer de qué manera y en qué momento se produce ese cambio de modelo que se refleja en la sociedad de nuestros días (en la crítica a los aciertos y desaciertos de la ciencia) diferenciándola notoriamente de aquella que floreció de manos de la ciencia misma. ¿Estamos presenciando el final de la modernidad? ¿Qué relación guardan la ciencia y la tecnología con el poder?

Desarrollo

Esther Díaz comienza relatando el cuento del aprendiz de brujo que fue realizado en película por Disney bajo el nombre de Fantasía, y lo presenta como una metáfora del conocimiento científico convertido en tecnología, realizando una analogía entre el hechicero y el científico moderno que anhela dominar la naturaleza en función de los conocimientos que tiene sobre ella, y entre el aprendiz de brujo y el técnico o empresario que se dedican a reproducir los logros científicos.
Según la autora, el científico moderno se declara moralmente neutral con respecto a los conocimientos que produce, y delega toda la responsabilidad a quienes hacen uso de ellos, y éstos (técnicos o empresarios) tampoco se preocupan por sus posibles efectos. Esta problemática comienza a hacerse notoria ya que, aunque la modernidad apostaba al futuro, comenzaba a ser consciente de sus propios excesos.
El tercer milenio se inició de la mano de la tecnología digital, presentando la nueva versión de Fantasía llamada Fantasía 2000, acompañada en vivo por una de las principales filarmónicas del mundo. “Éste es un claro ejemplo de la multiplicidad de tiempos propio de la posmodernidad que, si bien apunta al futuro, también rescata el pasado y trata de reafirmar el presente”[3].
Parece ser que estamos frente a una nueva época histórica: la posmodernidad, ya que a partir de mediados del siglo XX no sólo se han producido cambios cuantitativos en cuanto al aumento de la producción económica, la manipulación de la naturaleza y la información, sino que han sido cambios también de orden cualitativo (formas de producción, manipulación e información). La ciencia como paradigma de la modernidad comienza a protagonizar una crisis, al momento que empieza a ser el centro de reflexión de la recién surgida epistemología que la reduce a conocimiento científico sin tomar en cuenta las prácticas sociales. Esta epistemología es luego reemplazada por la denominada postepistemología que amplía su estudio a lo histórico-social.
Esther Díaz utiliza el término posciencia, e intenta definirlo como la representación de un cambio de paradigma a nivel conocimiento y práctica científica, una ruptura de lo que entendió la modernidad por ciencia, donde la tecnología[4] deja de ser secundaria a la ciencia para ocupar el papel principal.[5]
Este cambio tan importante en que la tecnología pasa a ocupar el lugar prioritario que antes pertenecía a la ciencia se produjo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el primer prototipo de computadora digital dio pie a la fabricación de la bomba atómica. La informática, que apareció directamente como tecnología, atraviesa todas las disciplinas científicas, y sin ella jamás habrían llegado a tener el desarrollo y la potencia que han llegado a alcanzar.
Las sociedades se han dividido siempre entre los que tienen el poder y los mas necesitados, entre los que tienen conocimientos y los ignorantes se puede entonces hablar de posciencia comprendiendo a esta expresión como una nueva forma de conocer y también de modificar o manipular la naturaleza y la sociedad. Así es que la Ingeniería genética, el desarrollo bélico y la tecnología consumista obtienen más y mejores subsidios.
La autora nos dice que la razón moderna se consolidó excluyendo, y que para esto se valió de leyes científicas, morales y del buen orden burgués. Haciendo uso de ellas discriminaba, encerraba o castigaba a todos aquellos que no se encontraban dentro de los parámetros considerados normales. La idea de episteme como un saber desinteresado fue gestada por los señores que detentaban el poder que les permitía imponer la verdad. Por esta razón con el comienzo de la modernidad, la verdad científica y la reflexión ética quedan fuertemente separadas.
La modernidad engendró su propio final, y la ciencia perdió su lugar de verdad-poder, que fue ocupado por la tecnología, en función de la cual se realiza más del noventa por ciento de las investigaciones. Hoy se habla de un conocimiento sólido dependiente de la técnica y potenciado a la vez por ella, y se valida a partir de su eficacia medida en parámetros económicos establecidos por las leyes del mercado multinacional.

Conclusión

Alrededor del siglo XVII la ciencia ocupa su lugar más significativo como la más luminosa de las estrellas, capaz de explicar el mundo llevándole a los hombres el saber y por ende la libertad. Pero esta libertad no llega sola, sino que está atravesada por el poder que otorga el saber científico.
Esa realidad que parecía eterna se vio conmocionada por el surgimiento de la tecnología, que marcó al final de la modernidad y el comienzo de los tiempos posmodernos, y con ello la llegada de la posciencia, como el resultado de un cambio en el paradigma del conocimiento. A partir de los cambios acaecidos, la tecnología tomó el lugar de poder que antes sólo le correspondía a la ciencia, marcando un nuevo rumbo en las investigaciones, que ahora se encuentran orientadas a la aplicación inmediata a la realidad.
Este cambio de poder no sólo puede observarse en ese punto, sino que se ve también en el cambio de los parámetros con que se mide la eficacia de las investigaciones, que pasaron de ser jurídicas, morales o científicas a las del mercado. La tecnología se ha transformado en una nueva herramienta de exclusión que no responde a valores éticos, sino a los puramente económicos.
Bibliografía

·        Esther Díaz (editora), La posciencia, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000




[1] Esther Díaz (editora), La posciencia, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000, p.15
[2] Esther Díaz (editora), La posciencia, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000
[3] Ídem, p.16
[4] La autora utiliza los términos técnica y tecnología indistintamente
[5] Ídem 3, p.18

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